Rechazar un puesto en los tiempos que corren puede parecer descabellado, pero hay quien piensa que si los argumentos son definitivos, tomar esa decisión es algo beneficioso para nuestra carrera.

Atender a las señales que te indican que un trabajo no es para ti -aunque le hayas dedicado mucho tiempo y te hayas embarcado en un proceso de selección-, no tiene por qué ser una locura ni un suicidio profesional, aunque decidas rechazarlo.

Si los argumentos son sólidos y te advierten de que ese puesto no es sostenible en el tiempo, no te aporta casi nada profesionalmente a largo plazo, o realmente no estás preparado para él, decir “no” puede ser la decisión correcta.

razones para rechazar un trabajo
Jorge Cagigas, socio de Epicteles, recuerda que hay tres circunstancias vitales fundamentales que se pueden dar si te planteas un cambio de puesto: cuando estás a gusto en el trabajo que tienes; cuando no lo estás; y cuando buscas porque no tienes trabajo.

Cagigas cree que “el orden de prioridades para ver si algo es bueno o malo varía en función de esto, e influye decisivamente en tu juicio de valor al tomar una decisión. Las expectativas en ese proceso cobran una perspectiva diferente”.

Sólo cuando estamos en la situación en la que nos gusta nuestro trabajo, y vamos a una entrevista, percibimos que hay gente enfadada o que no se siente cómoda en la compañía que visitamos y que nos ofrece un posible trabajo. Apunta que “si tu circunstancia personal es que estás sin trabajo, y lo buscas desesperadamente, probablemente ni siquiera adviertas el estado de ánimo negativo de quienes te encuentras en la compañía a la que aspiras”.

Recuerda en todo caso que, cuando estás desempleado y buscas un nuevo trabajo, no debes sentirte ni actuar como un parado, sino como un “profesional en transición”, un concepto que implica un estatus diferente, una nueva actitud, una identidad peculiar. Y una dedicación profesional específica.

Tomar la decisión

Cagigas recomienda “recabar toda la información posible. Como si estuvieras en la situación ideal de tener trabajo y estar satisfecho en él, y como si no tuvieras interés en el puesto al que optas. No conviene moverlo todo hacia un estado de necesidad que te haga que pierdas mucha información importante, y que, además, condicionará tu toma de decisiones”. Añade que “cuando uno está inmerso en un proceso de selección debe pensar que tiene el mismo poder de decisión que la otra parte. Si no lo haces así, la entrevista va a estar condicionada y no te vas a poner en valor. No te centras en lo que tú crees que resulta mejor para ti”. Aconseja objetivar el proceso de toma de decisiones, así como los beneficios y las dudas que te plantea ese puesto de trabajo al que optas; y recomienda involucrar a alguien que te conozca bien para que te ayude en el proceso de selección.

Nuria Esparza, directora de atracción de talento de Adecco, señala también tres momentos principales: el primero es la propia oferta. Recuerda que “hay tantas, que las confundes, por eso debes tener muy claros los requisitos (esto dice si estás o no preparado) y el “se ofrece”, porque a veces la desesperación te hace enviar muchos currículos y luego lo que te ofrecen no te satisface”.

No conviene que lo muevas todo a un estado de necesidad que influya en tu decisión y en tu juicio.

También se refiere a la búsqueda proactiva: “Hay mucha información sobre las empresas. Debes investigarla en las redes sociales o en las páginas corporativas para saber cuáles son sus valores, la política de empleados, cómo cuidan al trabajador… Analiza asimismo la información que pueden brindar los empleados de la compañía, y la de aquellos que aún trabajan en ella o incluso de quienes se hayan marchado. Eso te servirá para conocer los índices de rotación”. María Jesús Soga, commercial process manager RPO de Randstad, coincide en la necesidad de preguntarse cuáles son los atributos del puesto: “Aquí debes analizar las condiciones económicas, la seguridad a largo plazo de la compañía… Pregunta acerca de la posición que puedes ocupar, si hay expectativas de futuro o plan de carrera. Y sobre el contenido del puesto, así como la conciliación entre la vida laboral y personal o los planes de formación de la compañía”.

El tercer momento es la entrevista: “Aquí puedes encontrar señales de alarma evidentes y muy visibles, como las instalaciones o el ambiente. Para ayudarte a tomar la decisión, a tus interlocutores debes preguntarles sobre la vacante y las perspectivas de futuro, acerca de las responsabilidades que tendrás, y si estás preparado”. En este sentido, María Jesús Soga sugiere que “quien te vaya a hacer la entrevista también es un factor importante, porque en ese encuentro puedes intuir el estilo de jefe que te espera. Valorar esto ayuda a que la selección sea efectiva”.

En este sentido, te dejamos con un interesante artículo en el que hablamos de Cómo salvar las preguntas trampas en una entrevista laboral.

Argumentos de apoyo

Soga añade que “un empleador selecciona basándose en cuestiones como el encaje. Por eso resulta fundamental que, como candidato, sepas a qué compañía te postulas. Debes conocer su estilo y sus valores“.

Soga añade la necesidad de analizar cuál es exactamente el trabajo al que optas, comprobando si tienes la formación adecuada, y si se trata de una opción profesional a corto plazo, que luego no sea sostenible. También has de comprobar que el perfil duro de tu experiencia y la formación encajan.

Cristina Soler, talent manager de Experis, cree que “las causas más comunes de rechazo de una oferta se refieren al horario (conciliación); la localización y aquellos puestos en los que se pide movilidad o un cambio de residencia; las funciones o tareas, porque no se explica bien el contenido del puesto (suele ser porque el candidato tiene más experiencia que la que se requiere para ese trabajo). Las reticencias también se pueden dar porque no hay una perspectiva de desarrollo de carrera, ya que no se trata sólo de incorporarse, sino de tener un cierto recorrido dentro de la compañía”.

Soler recuerda que los candidatos buscan todavía cierta estabilidad laboral, y asegura que en la decisión de rechazar el trabajo también influye el salario (si no cumple las expectativas, el candidato abandona el proceso de selección).

Concluye con un factor de importancia creciente: “Cada vez más profesionales buscan empresas con buena imagen de marca, que tengan presencia en las redes sociales, y que vivan una transformación digital real. Este es un mensaje atractivo que puede influir en la decisión de aceptar o rechazar un puesto”.

Cómo diseñar el empleo que te conviene

A menudo, el error está en tratar de encontrar el trabajo perfecto. Más bien se trata de que transformes el trabajo a tu medida, lo que no tiene por qué suponer que debas conformarte con cualquier cosa que te ofrezcan. Y tampoco debes frustrarte pensando que nunca encontrarás un puesto que te llene realmente.

  • Lo primero que debes hacer para diseñar tu empleo a medida es dedicar tiempo de calidad para preguntarte qué significa para ti el trabajo, qué quieres conseguir, dónde quieres llegar, qué papel puede jugar ese puesto y esa actividad en tu vida en comparación con otros aspectos. Esto debes hacerlo con cierta regularidad. Un plan de carrera ayudará en tu desarrollo profesional futuro, igual que la búsqueda de información. Además, debes conocer tus puntos débiles, y qué está buscando el mercado de trabajo.
  • Es necesario trabajar la visión y la misión. La primera implica saber exactamente qué te gustaría estar haciendo dentro de 10 o 15 años. Debes visualizar tu futuro profesional, y que éste resulte retador e ilusionante. Predecir qué harás en el futuro, o en qué sector o profesión estarás trabajando dentro de unos años puede darte una gran ventaja competitiva frente a quienes rastrean cada día un puesto de trabajo.
  • No debes ser absoluto: el trabajo ideal para ti es relativo y depende del contexto. Márcate baremos antes que objetivos absolutos.
  • No te preguntes sólo qué te va a aportar el trabajo, sino qué vas a aportar tú; cómo quieres liberar tu talento.
  • Debes mantener tu mente abierta para ver el entorno sin etiquetas que limiten tu visión de la realidad.
  • Cuando estés inmerso en un proceso de selección para llegar a un nuevo empleo no te dejes seducir por las apariencias (por ejemplo, unas oficinas estupendas). Fíjate en lo que de verdad importa: la cultura, tus compañeros, el trabajo en equipo, los jefes, la confianza, tu función, los pequeños detalles… Piensa qué funciona mejor, y cómo puedes contribuir en cada uno de esos aspectos.

 

Fuente: expansion.com

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