La vuelta de vacaciones es tiempo de nuevos propósitos. A pesar de la desconexión, es inevitable haber hablado acerca del trabajo o haber comparado nuestra situación laboral con la de otros. Ahí empiezan las dudas. Y es que según el estudio Bienestar y Motivación de los Trabajadores en Europa 2015, realizado por Edenred-Ipsos, y en el que han participado 13.600 personas (incluidos 800 españoles), refleja que hasta un 40% de los empleados estarían dispuestos a abandonar su empresa y por tanto, cambiar de trabajo.

Quien repasa lo que hace en su organización, cómo son sus jefes y compañeros advierte en ocasiones que todo eso puede lastrarle profesionalmente.

Dicho estudio de Bienestar, concluye, entre otras cosas, que “un 41 % de los empleados está insatisfecho con el equilibrio entre la vida familiar y laboral. Y el 31% está en desacuerdo con su nivel salarial. El 30 % añade que su motivación laboral disminuye en relación con el curso anterior”.

Según Gina Aran, profesora del Máster de Gestión y Dirección de Recursos Humanos de la UOC, el perfil del profesional movido e inquieto que es capaz de asumir nuevos retos se abre camino en las empresas. Cada vez hay más compañías que consideran que cambiar de trabajo cada pocos años es “un valor añadido de los trabajadores, que han podido enriquecerse con las diferentes experiencias. Eso redundará en beneficio de la empresa. Hay generaciones más acostumbradas a estos cambios, como los Millennials, que tienen más agudizada la necesidad de realización personal y profesional en el trabajo, y buscan trabajar en lo vocacional, es decir, buscan el trabajo ideal“. El 90 % de los jóvenes de la Generación Y no tiene intención de quedarse más de cinco años en el mismo puesto de trabajo”.

Aran también hace referencia al job hopping o job jumping, “una práctica que consiste en cambiar de trabajo cada pocos años y que resulta característico de quienes buscan nuevas motivaciones y retos constantemente. Es difícil fidelizar a estas personas a medio plazo, pero aportan muchas ideas y experiencias y tienen una gran capacidad de adaptación”. El cambio no penaliza, siempre que enriquezca nuestro conocimiento y competencia. Es necesario que haya una coherencia en la trayectoria profesional y que se trate de una decisión personal que se corresponda con un nuevo ciclo profesional o personal.

Para Aran, “a menudo este tipo de trabajadores acaban volviendo a las empresas de las que se marcharon y, cuando lo hacen, vuelven aportando mucho más valor a la empresa. Conviene, a pesar de saber que se marcharán, fidelizarlos. Esta es una tendencia que se está abriendo paso en las empresas, ya que mantenerse en un puesto de trabajo durante años comienza a verse como algo negativo”.

La experta en RRHH de la UOC cita los signos de alerta para abandonar la compañía:

trabajo ya no motiva
Que el trabajo ya no motive. El empleado no se siente útil, no ve el sentido de su tarea ni la finalidad de lo que hace o no se siente valorado profesionalmente.

 

principios y valores
Cuando se duda de la ética de la empresa y no hay identificación con los principios y valores de la compañía.

 

situacion personal
Situación personal. Si los hábitos y el contexto vital del trabajador han cambiado sustancialmente y se hace difícil compaginar la vida personal con la profesional.

 

sueldo
Sueldo. El trabajador considera que no está remunerado adecuadamente para sobrevivir o se siente que sólo trabaja por dinero.

 

Fuente: expansion.com

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